BOGOTA.- El triunfo de Abelardo de la Espriella, ‘El Tigre’, en las elecciones colombianas confirma una tendencia regional: América Latina se desplaza hacia la ultraderecha. Excéntrico, personalista y antisistema, De la Espriella replica el modelo de Nayib Bukele en El Salvador: mano dura en seguridad, comunicación directa en redes y un estilo que conecta con Donald Trump, referente moral de esta nueva generación de líderes.
El giro no empezó en Colombia. A finales de 2025, el ultraconservador José Antonio Kast ganó en Chile con un discurso centrado en violencia e inmigración. Antes, Daniel Noboa se impuso en Ecuador prometiendo empleo y mano dura contra el crimen.
En Argentina, Javier Milei irrumpió con una ‘terapia de shock’ económica que sedujo a Trump y Bukele. La derecha también venció en Costa Rica en febrero y Keiko Fujimori lidera un recuento ajustado en Perú, con la inseguridad como eje de campaña.
Qué tienen en común
“Cada país tiene una receta diferente, pero comparten elementos”, explica Anna Ayuso, investigadora senior de CIDOB. Además de la mano dura, coinciden en:
– Comunicación: Redes sociales como canal directo, sin intermediarios.
– Valores: Fervor religioso, discursos anti-LGTB y antiinmigración.
– Economía: Recortes de gasto público y desconfianza en el Estado.
– Estilo: Mensajes simples, polarizantes y espectáculo político.
Lisa Zanotti, del Ultra-Lab, apunta al “desencanto con los partidos tradicionales” como causa de fondo. “Ya no hay luna de miel. El electorado se desilusiona rápido, incluso de sus favoritos”. A corto plazo, el catalizador es la inseguridad. “Se puso en el centro del debate político”, dice.
Ayuso recuerda que la región es desigual y golpeada por crisis sucesivas. “La baja calidad institucional empuja a buscar otras vías. Estos líderes prometen soluciones sencillas a problemas complejos, aunque la realidad sea otra”.
El factor Bukele: mano dura exportable
Desde 2019, Bukele construyó un modelo propio: populismo, presencia masiva en redes y un “plan diseñado por Dios” contra las maras. Decretó un estado de excepción vigente hace cuatro años, se autodenomina “dictador cool” y reformó la Constitución para reelegirse indefinidamente. Más de 92.000 detenidos y 530 muertes en prisión alimentan su sistema carcelario, criticado por falta de garantías.
Pese al miedo a la represión, su popularidad sigue alta. “El efecto Bukele” influye en toda la región. “Quisieron copiar su pacificación por la fuerza”, dice Ayuso. Pero advierte: el modelo salvadoreño es “difícil de trasplantar” a países más grandes y complejos.
Seguridad en el centro de todo
El 16 de junio, Noboa decretó estado de excepción en la mitad de Ecuador. Usó al Ejército y construyó una macrocárcel al estilo Bukele. No funcionó: 2025 cerró con 9.300 homicidios y 50 muertes por cada 100.000 habitantes, la tasa más alta de la región. Su referéndum para cambiar la Constitución fracasó.
Kast anunció un “plan de intervención barrial intensivo” y nuevas cárceles que “dejarán de ser escuelas del delito”. Lo hizo en Chile, el cuarto país más seguro de América Latina según el Global Peace Index 2025. Logró, aun así, que la inseguridad dominara la campaña.
De la Espriella promete “perseguir” a narcos, terroristas, secuestradores y corruptos. Dice que cumplirá la Constitución, pero aplicará “mano dura”: abandonará las negociaciones de Gustavo Petro y volverá a la confrontación armada.
Antiinmigración: la nueva bandera
La inmigración irregular, antes ausente de la agenda regional, ya es prioritaria. Ecuador firmó con EE. UU. la ‘Estrategia Frontera Segura’ para blindar su límite con Colombia. Kast propone un “plan de retorno” y un muro con Perú y Bolivia. Fujimori promete expulsar “indocumentados”, con los venezolanos en la mira. Milei elogia la “tarea titánica” de Trump y creará una Agencia de Seguridad Migratoria con “presencia efectiva en cada frontera”.
El vacío del centro y la mano de Trump
Los triunfos, casi siempre ajustados, reflejan la polarización. “El centro se ha vaciado”, explica Zanotti. “La gente migra a los polos. No es solo izquierda-derecha: es establishment contra antiestablishment”.
Estos líderes actúan como bloque. Se reúnen en foros como Madrid, impulsado por Vox, nexo entre la ultraderecha europea y latinoamericana. “Comparten ideas y las adaptan a sus países”, dice Zanotti.
Trump es el faro. “No inventó la ultraderecha, pero le dio legitimidad a un comportamiento alejado de la política clásica”, afirma la investigadora. Personalismo, símbolos patrios, ataques a minorías, insultos, desdén por la prensa y comunicación directa en redes: el manual es el mismo.
“Copian sus eslóganes y hasta a sus asesores”, señala Ayuso. “Venden un personaje, no un programa. Marketing político como espectáculo”. Para Zanotti, la clave es el lenguaje: “Normalizaron decir lo que antes se callaba. Cambiaron los límites de lo aceptable”.
- Por RTVE.es
- Fecha: 28/06/2026


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