Si eres de los que para Halloween tiene planeado un maratón de películas terroríficas, es bueno que entiendas qué le pasa a tu cuerpo cuando se expone a este tipo de contenido y, ojo, su consumo no indica debilidad o fortaleza, ni tampoco problemas de salud mental o madurez.
- Los psicólogos clínicos Angel Reverol y Daila Aguiló Quéliz ofrecen una mirada profesional a este panorama.

Agunas personas dejan de involucrarse con la historia al terminar la película; otras siguen repasándola y preguntándose qué pasaría si algo semejante ocurrieraA la hora de elegir una película, muchas personas tienen ciertas limitantes con el contenido de terror: no verlas de noche, estar acompañadas de alguien, que no diga “basada en hechos reales”, entre otras. Todo esto con el fin de que esas historias aterradoras no perturben su mente. Pero claro, hay quienes aman este tipo de películas y las sensaciones que provocan. Dormir para ellas luego de verlas no es un problema.
Esto no significa que haya nada malo con los que les fascina el terror, ni que el que no las tolera sea débil, sino que, como explica el psicólogo clínico Ángel Reverol, existen diferencias en la sensibilidad a las amenazas, la activación emocional y la capacidad de recuperar la calma. Si alguna vez te has preguntado: ¿Por qué algunas personas pueden dormir tranquilamente después de una película de terror y otras no? Aquí la respuesta:
“Algunas personas dejan de involucrarse con la historia al terminar la película; otras siguen repasándola y preguntándose qué pasaría si algo semejante ocurriera. Esa prolongación mental puede mantener la alerta cuando intentan descansar”, explica el especialista.

Ángel Reverol, psicólogo clínico
Otros elementos que influyen en la reacción a este tipo de contenidos, según el profesional, son el estado de la persona en ese momento, el estrés acumulado, las preocupaciones actuales, las dificultades previas para dormir y el significado personal de las escenas.
Reverol señala que nuestra historia influye en cómo vivimos lo que se ve y que las experiencias personales, a su vez, influyen en aquello que interpretamos como amenazante.
“Una escena de enfermedad, encierro o violencia puede adquirir especial intensidad si se vincula con recuerdos o preocupaciones propias. La investigación sobre imágenes mentales describe precisamente esa capacidad de conectar con memorias emocionales y generar respuestas parecidas, en algunos aspectos, a las de una experiencia percibida”, sostiene el profesional.
¿POR QUÉ EL CUERPO PUEDE REACCIONAR ANTE UNA AMENAZA FICTICIA?

La anticipación de que algo malo puede o va a ocurrir, es suficiente para que se activen nuestras redes cerebrales asociadas a la vigilancia y el procesamiento de las amenazas
Para la también psicóloga clínica Dalia Aguiló Quéliz, detrás del miedo, existe todo un engranaje en el cerebro que hace que nuestro sistema nervioso se active y proceda a enviarnos señales que ponen en marcha la “lucha o huida”. De esta manera, nos preparamos para poder actuar rápidamente ante una posible amenaza.
Sin embargo, cuando vemos una película de terror, la amenaza que intuye nuestro cuerpo no parte de lo real, sino de una ficción recreada en una historia. Aun así, el cuerpo puede reaccionar a esta exposición como si estuviésemos atravesando por la situación vista en pantalla.
Según Aguiló esto sucede porque las respuestas emocionales no discriminan de forma exclusiva entre lo real y lo ficticio, sino que actúan en base a la interpretación que le damos, la anticipación o cómo imaginamos la situación.
“En el caso de una serie o película de terror, somos conscientes de que es una trama ficticia, de que estamos en un lugar seguro y aun así nuestro cerebro continúa procesando estímulos visuales, auditivos, sensoriales y emocionales que recibe. El cambio en la iluminación, la música, los movimientos inesperados en la obra cinematográfica, acompañados de la anticipación de que algo malo puede o va a ocurrir, es suficiente para que se activen nuestras redes cerebrales asociadas a la vigilancia y el procesamiento de las amenazas”, explica la psicóloga.

Dalia Aguilo Quéliz
La profesional aclara que esto no es sinónimo de que el cerebro es incapaz de distinguir la realidad de la ficción. “Significa, más bien, que saber que algo no es real no impide que la exposición a ciertos estímulos provoque una respuesta emocional genuina”.
TERROR VS. BIENESTAR EMOCIONAL

Una película de terror puede provocar ansiedad después de haber terminado.
Otro de los escenarios que suelen ocurrir cuando una persona se expone al contenido de terror es imaginar “monstruos” en la casa. De pronto, un cúmulo de ropa parece un ser sobrenatural y el menor ruido se convierte en una señal de alarma, exaltando el cuerpo.
Ante esto, el psicólogo Ángel Reverol agrega que el miedo está relacionado con lo que percibimos, pero también con el significado que le atribuimos. De acuerdo con sus explicaciones, la imaginación permite anticipar escenarios y completar información que no aparece explícitamente.
“En el terror, muchas veces lo que la persona imagina que podría ocurrir resulta tan inquietante como lo que efectivamente se muestra”, afirma.
Asimismo, explica que puede que la exposición a las películas de terror termine afectando el bienestar emocional al punto de obligarnos a estar en modo alerta todo el tiempo. Incluso Reverol afirma que una película de terror puede provocar ansiedad después de haber terminado.
“Algunas personas continúan recordando escenas, anticipando que podría ocurrir algo semejante o interpretando ruidos cotidianos como señales de peligro. Se han documentado reacciones de miedo que persisten después de la exposición a contenidos audiovisuales, incluyendo alteraciones del sueño y evitación de situaciones relacionadas con lo observado”, informa el especialista.
No obstante, el profesional aclara que sentir inquietud durante una noche no basta para hablar de un trastorno de ansiedad. La relevancia clínica depende de la intensidad, la persistencia y la interferencia con la vida cotidiana.
Aquí conviene prestar atención a las señales que, según el psicólogo, incluyen: dificultad repetida para conciliar o mantener el sueño, pesadillas recurrentes, imágenes que aparecen involuntariamente y un estado de alerta que continúa fuera del momento de exposición.
“También merece atención que la persona empiece a evitar actividades habituales, necesite comprobar constantemente que está segura o presente dificultades para concentrarse por el miedo”, dice el especialista.
Asimismo, asevera que el criterio central para saber que el contenido de terror está afectando el bienestar emocional es cuánto está limitando el funcionamiento de la persona. Si la reacción altera el descanso, el trabajo, los estudios o las relaciones, deja de ser únicamente una cuestión de preferencias de entretenimiento y conviene valorarla.
RECOMENDACIONES
Para aquellos que sienten miedo persistente después de ver películas de terror, el psicólogo clínico recomienda reconocer el malestar sin ridiculizarlo ni exigirse demostrar valentía y, si el contenido está resultando abrumador, es razonable interrumpirlo y revisar qué tipo de experiencias se eligen y en qué momento.
“Después puede ayudar volver a actividades cotidianas tranquilas, dirigir la atención al entorno presente y utilizar una respiración pausada y cómoda para favorecer la regulación”, exhorta.
Además, el experto dice que conviene evitar que el miedo termine organizando la vida mediante comprobaciones constantes o una evitación cada vez más amplia. De igual modo, afirma que obligarse a ver más terror no equivale a un tratamiento.
“Cuando el malestar persiste, aumenta o interfiere con el sueño y las actividades habituales, recomiendo una evaluación psicológica. La terapia cognitivo-conductual permite abordar pensamientos, respuestas físicas y conductas que mantienen la ansiedad. Si se requiere exposición terapéutica, debe responder a una formulación clínica y objetivos específicos”, manifiesta.

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