Ese fue, en esencia, el mensaje que el director general de la Policía Nacional, mayor general Ernesto Rafael Rodríguez García, dirigió este lunes a quienes tienen cuentas pendientes con la justicia, en medio del debate generado por las recientes muertes durante intervenciones de agentes. Rodríguez García no esquivó el tema de los llamados “intercambios de disparos”. Por el contrario, defendió el derecho de sus agentes a responder cuando, según sostuvo, son atacados mientras intentan realizar un arresto.
Pero fue más lejos. Al explicar cómo pretende enfrentar la delincuencia durante su gestión, dejó una de las frases más contundentes de su intervención:
“En el terreno que el delincuente elija”.
La expresión llegó después de plantear dos escenarios. El primero comienza en un cuartel.
Rodríguez García aseguró que las puertas de las dotaciones policiales, incluyendo las de su propio despacho, estarán abiertas para recibir a cualquier persona perseguida que decida entregarse. “Cuando un visitante llega a nuestra casa, y esos son los cuarteles, lo vamos a tratar bien”, aseguró.
Después de la entrega, explicó, correspondería realizar las investigaciones junto al Ministerio Público y posteriormente someter al detenido a la justicia.
El segundo escenario es distinto. Quien no se entregue, advirtió, continuará siendo perseguido.
“En el terreno que el delincuente elija. Si elige entregarse, pues se lo enviamos al Ministerio Público”, expresó Rodríguez García.
Y lanzó otra advertencia: “El que no se entrega, obviamente va a seguir siendo perseguido”.
Una lista sobre el escritorio
Rodríguez García aseguró que mantiene en su escritorio los nombres de personas vinculadas a hechos delictivos que todavía no han podido ser apresadas. Habló entonces de los más de 46 mil miembros que integran la institución y aseguró que serán utilizados para localizar a personas buscadas por homicidios, robos, agresiones y otros delitos.
El mensaje busca modificar, según explicó, una relación de miedo que entiende se ha instalado en determinados sectores.
Su objetivo, afirmó, es “revertir el temor” que siente el ciudadano frente al delincuente.
“Es el delincuente que debe temer a la autoridad que protege al ciudadano trabajador”, sostuvo.
La afirmación marca el tono que Rodríguez García intenta imprimir a la institución durante sus primeras semanas al frente de la Policía: persecución constante de quienes tengan órdenes pendientes y una invitación pública a que se entreguen antes de ser localizados por los agentes.
Los “intercambios” sobre la mesa
La dureza del discurso apareció precisamente cuando fue cuestionado sobre los denominados intercambios de disparos y las críticas que han provocado las muertes ocurridas durante intervenciones policiales.
Rodríguez García defendió la actuación de la institución utilizando como referencia la población penitenciaria del país.
“Los 25 mil y pico de presos que hay en las cárceles de República Dominicana somos nosotros que los apresamos y no los hemos enfrentado”, expresó.
A partir de esa comparación sostuvo que la Policía respeta los derechos humanos cuando las personas buscadas no atacan a los agentes.
Su argumento es que los policías también tienen derecho a preservar sus propias vidas cuando son enfrentados durante una intervención.
“Es un deber de nosotros proteger nuestras vidas como autoridad para poder seguir protegiendo la vida de los demás ciudadanos”, manifestó.
La posición llega en un momento en que el accionar policial está nuevamente bajo observación pública por las circunstancias en las que personas buscadas por diferentes delitos han muerto durante operativos.
Rodríguez García dejó abierta la posibilidad de que cualquier actuación considerada irregular sea llevada ante el Ministerio Público para su investigación.
Pero en materia de persecución del crimen, su mensaje de este lunes no dejó espacio para interpretar una disminución de la presión policial. A quienes tengan asuntos pendientes con la justicia les ofreció las puertas de los cuarteles. A quienes decidan continuar huyendo les prometió persecución.


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