Al acto religioso asistieron varias familias para rendir homenaje a las madres fallecidas que dejaron una huella imborrable en sus vidas.

Familiares visitaron ayer el Parque Cementerio Puerta del Cielo.En un ambiente rodeado de fe y gratitud, el Parque Cementerio Puerta del Cielo se convirtió en el escenario de una emotiva misa en honor a las madres, oficiada por monseñor Carlos Tomás Morel Diplán, arzobispo coadjutor de Santo Domingo.
Al acto religioso asistieron varias familias para rendir homenaje a las madres fallecidas que dejaron una huella imborrable en sus vidas.
Durante su homilía, monseñor Morel Diplán fue enfático al resaltar el significado de los valores maternos para cada ser humano. El prelado destacó el inmenso amor, sacrificio y entrega de las madres, haciendo hincapié en el papel fundamental que desempeñan en la formación espiritual y humana tanto de la familia como de la sociedad.
Asimismo, el arzobispo aprovechó el escenario para hacer una petición directa a los presentes, exhortándolos a valorar a sus madres.
Al concluir la eucaristía, los familiares participaron en un momento especialmente preparado en el camposanto para honrar la memoria y el amor eterno hacia las madres que ya han partido.

Una misa en honor a las madres oficiada por monseñor Morel Diplán.
El acto finalizó con el emotivo lanzamiento al cielo de un gran rosario elaborado con globos biodegradables, un gesto simbólico que elevó los sentimientos de recuerdo y respeto de todos los reunidos en este día.
De manera similar, se realizó una misa en los jardines de la funeraria Memorial para celebrar el recuerdo de la partida de las madres a la morada celestial.
La eucaristía fue presidida por monseñor Víctor Emilio Masalles Pere, obispo auxiliar de la Arquidiócesis de Santo Domingo, quien, en la homilía, invitó a los familiares y amigos presentes a mantener el amor, el legado y viva la fe en Jesucristo, en quienes creyeron sus seres queridos que ya partieron y orar siempre por ellos, para que alcancen la vida eterna como un legado de Dios, a la que estamos todos llamados
Rodeados de la naturaleza y cánticos de alabanzas, acompañaron la emotividad de la ceremonia. El violín, entregas de flores y obsequios propios de la celebración rendían un homenaje de amor a la memoria del ser amado.

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