Miembros de la Policía Nacional vigilaban debajo del puente peatonal en la intersección de las avenidas Máximo Gómez y John F. Kennedy. /Foto Jorge González
El sol de este lunes apenas empezaba a irradiar su luz y su calor; el trajín del día a día iniciaba con el ir y venir de los vehículos en las principales vías de la capital. Sin embargo, los residentes del Gran Santo Domingo se encontraron con un paisaje totalmente cambiado: todos los puentes y vías principales estaban totalmente militarizados por policías y miembros del Ejército.
Patrullas policiales, camiones del Ejército y soldados con fusiles estaban vigilando puntos neurálgicos de la capital. Los puentes J.B. Peinado, que conecta con Santo Domingo Norte; el Francisco del Rosario Sánchez (el de la 17) la vigilancia era muy notoria según observo el equipo de El Nacional que recorría la ciudad.
Además el puente Duarte, el Juan Bosch, el Ramón Matías Mella (de la Bicicleta) y el Puente Flotante, que conectan a Santo Domingo Este con la capital, estaban con patrullas policiales. Nada era distinto en las avenidas 27 de Febrero, Máximo Gómez, JFK, Lincoln, Padre Castellanos y San Vicente de Paúl, entre otras.

Para muchos, esta militarización post-Semana Santa se ha convertido en una especie de liturgia preventiva. Las autoridades suelen desplegar estas fuerzas para «garantizar el orden» tras el asueto, pero para quienes peinan canas, el despliegue no se siente como una simple medida de seguridad rutinaria; se siente como un recordatorio.
La historia dominicana tiene cicatrices que suelen arder en abril. El despliegue de hoy evoca, casi de forma inevitable, los fantasmas de abril de 1984. Fue justo después de una Semana Santa, como esta, que el país vivió uno de sus episodios más oscuros y sangrientos. Los días 23, 24 y 25 de abril de 1984, la República Dominicana no amaneció en calma, sino en llamas.
Altos precios
El detonante de las protestas fueron las erradas políticas de ajuste económico impuestas por el Fondo Monetario Internacional (FMI) bajo el gobierno de Salvador Jorge Blanco. La realidad social era que estas negociaciones con el FMI originaron un aumento desmedido en los precios de la canasta básica y los combustibles, provocando que el pueblo, agotado, se lanzara a las calles.

Por su parte, y ante el descontrol de la protesta que se tornó muy violenta, la respuesta de las autoridades fue una represión feroz que dejó un saldo trágico de decenas de muertos y cientos de heridos. En esos días, los puentes y vías principales no solo estaban vigilados; eran campos de batalla.
Un presente vigilado
Hoy, mientras los ciudadanos cruzan los puentes para llegar a sus puestos de trabajo, las miradas se cruzan con los uniformados. No hay neumáticos ardiendo ni consignas gritadas al viento, pero el despliegue militar actúa como un anclaje visual al pasado.
Aunque las razones oficiales apuntan a mantener la paz ciudadana tras el largo feriado, la coincidencia histórica con las revueltas contra el FMI de hace décadas convierte a este lunes en una jornada de reflexión obligatoria. Santo Domingo hoy fluye, pero lo hace bajo la atenta y pesada mirada de quienes cargan las armas, en una ciudad que parece no querer olvidar que, en abril, el orden y el descontento suelen caminar por la misma acera.

Versión oficial
Una nota de la Policía Nacional explica que, con motivo del cierre del operativo “Semana Santa 2026: Proteger y Servir”, y en cumplimiento de los lineamientos trazados por el director general de la Policía Nacional, mayor general Andrés Modesto Cruz Cruz, desde la madrugada de este lunes se ejecuta un amplio despliegue preventivo en el Gran Santo Domingo, liderado por la Dirección Central de Prevención y la Dirección Central de Inteligencia (DINTEL).



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