sábado, 19 de abril de 2014

La muerte de la cantante Sonia Silvestre priva a RD de una de sus mejores voces

Fuente externaSANTO DOMINGO, República Dominicana.- La muerte de la cantante Sonia Silvestre ocurrida este sábado, priva a la República Dominicana de una de sus más populares y vibrantes voces, amén de una artista con fibra social que siempre abogó porque a los dominicanos se les enseñara su historia cultural y costumbrista.
Dueña de un timbre potente y limpio, que paseó con éxito por las graves y las agudas, Sonia Silvestre dejó este mundo a los 61 años, tras permanecer una semana ingresada a causa del recrudecimiento de una afección renal y el posterior ataque de dos accidentes cerebrovasculares.
Personalidades, medios de comunicación y otras instituciones han echado mano de las redes sociales para expresar su dolor ante la pérdida de la intérprete que cantó al amor, al desamor, a la vida y a su patria.
“Con dolor en el alma despedimos a una gran dominicana, nuestra admirada Sonia Silvestre. Que Dios te muestre su rostro. EPD mi querida Sonia”, escribió en su cuenta de Twitter la vicepresidenta dominicana, Margarita Cedeño.
El Ministerio de Cultura también lamentó la muerte en la misma red social al expresar: “Unimos nuestros corazones al dolor de los familiares de nuestra queridísima e inolvidable Sonia Silvestre”.
En un fin de semana azaroso para la literatura y el arte popular latinoamericano, los dominicanos ya no podrán disfrutar de las canciones, la sonrisa y la mirada verdiamarilla de Sonia Silvestre.
“No me gusta la nostalgia. No me veo cantando siempre las mismas canciones en los mismos escenarios; me gustaría retomar mi carrera con nuevas letras (…) en esta etapa de mi vida estoy reflexionando tranquilamente sobre lo mejor para mi carrera”, expuso recientemente la cantante en una entrevista televisa.
Sus inicios se remontan a principios de los 70 cuando aún con su timidez pueblerina a cuestas, esta menuda joven sorprendió al mundo artístico local con la interpretación de la canción “¿Dónde podré gritarte que te quiero?” de la laureada compositora dominicana Leonor Porcella de Brea.
Desde entonces, paseó su voz por Cuba, Puerto Rico, Nicaragua, Venezuela, España, Colombia, México y Estados Unidos, entre otros países, donde siempre enarboló su orgullo de ser dominicana.
Esa primera etapa de popularidad, que se extendió por más de dos décadas, fue seguida por otro espacio más actual, en los años 90, donde Sonia Silvestre se mantuvo en el gusto popular al unir su voz con el ritmo de moda: la bachata.
Esa música de amargue, tragos y bohemia de origen campesino y barrial, finalmente se imponía en las clases media y alta gracias al empuje del cantautor dominicano Juan Luis Guerra, también de Víctor Víctor y de la propia Silvestre interpretando hits inolvidables como “Yo quiero andar” y “Mi guachimán”, de la autoría de otro gran compositor y cantor popular ya fallecido, Luis Días.
La cantante dominicana fue muy amiga del cantautor cubano Silvio Rodríguez, quien desde que le conoció quedó prendado de sus condiciones vocales hasta el punto que en los años 70 la invitó a acompañarle en una gira que recorrió toda Cuba.
La amistad entre ambos se mantuvo desde entonces, y se recuerda el éxito que logró Silvestre cuando grabó la famosa canción “Ojalá”, una de las más conocidas del artista cubano.
Esa cercanía de Sonia Silvestre con la Revolución cubana y sus públicas preferencias políticas de izquierda, le restaron muchos años de carrera a nivel internacional, aunque la cantante nunca se arrepintió de ello, pues reiteró en varias oportunidades que el compromiso con su pueblo era más importante que su propia carrera artística.
En el aspecto personal, su primer matrimonio fue con el presentador, compositor y publicista dominicano Yaqui Núñez del Risco, una de las figuras más importantes de la televisión y los medios electrónicos locales en los años 70, 80 y 90, retirado hoy debido a problemas de salud.
Luego del fracaso de esa unión, Sonia Silvestre se fue a vivir a México, “porque tenía que romper con todo y esa fue la mejor decisión”. Superado ese proceso, regresa al país y une su vida a la del fotógrafo venezolano José Betancourt, padre de sus dos hijos, Andrés y Eloísa.
En los últimos años repartía su tiempo entre Cuba y República Dominicana, pues en La Habana desempeñaba un cargo diplomático en la rama cultural.
“La tarde está llorando”, una de sus más conocidas canciones, parece el homenaje más sentido con el que los dominicanos recordarán a una de sus más valiosas intérpretes del arte popular.

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